E-Learning: cómo ser un profesor y no una máquina
Mucho se habla de lo que debía haber sido el e-Learning en estos últimos años y no fue… y mucho se habla de lo que puede o podría llegar a ser.
El e-Learning nació enfermo, porque a los que llevamos años metidos en él nos está costando hacerlo realmente bien. Unas pueden ser causas ajenas a nosotros: la Red, las tasas de transferencia, la tecnología, las herramientas de autor,… pero otras claramente se deben a nosotros mismos.
Nos enlazamos en debates larguísimos sobre temas que no son la esencia de nuestra profesión y en algunos casos, me incluyo, de nuestra vocación.
Ser un buen tele-formador no es tarea fácil: requiere de todas la habilidades de un buen formador presencial y de algunas más que generan la distancia, la asincronía, la falta de algunos medios, los presupuestos, la apatía o desinterés de empresas y alumnos, los tiempos y un largo etcétera.
Si, además, lo que pretendemos es ayudar a los clientes, entonces la situación todavía es más seria porque no es posible predicar sin dar ejemplo.
Partamos del supuesto de que tenemos unos excelentes contenidos, colgados de una excelente plataforma, interactivos, amenos, etc. ¿Lo tenemos todo? Pues no, ya que necesitamos de buenos formadores para impartirlos.
Por ello, hoy voy a hablar de las competencias necesarias para ser un buen tele-formador:
Capacidad de comunicación y lenguaje: Un buen tele-formador debe saber comunicarse con sus alumnos, llegar a sus formas de lenguaje y saberlas aplicar. Las distancias producidas por el e-Learning deben ser superadas mediante mensajes con el tono adecuado: personalmente prefiero el tuteo, salvo algunas excepciones con países latinoamericanos, que utilizan el usted como fórmula habitual. Aun así, la cercanía del lenguaje debe ser la que mantendría un profesor presencial a partir del cuarto día de clase. El objetivo es acercar personas a cada grupo o a cada persona, preservando la propia identidad.
Dinamización: El e-Learning precisa de la dinámica para romper las barreras existentes entre la pantalla de un ordenador y las personas. Los alumnos quieren personas “al otro lado”, no máquinas, por mucho SCORM que posean. Dinamizar quiere decir facilitar, mandar e-mail, llamar a los que no han entrado, preguntar lo que ocurre, detectar, generar sinergias que faciliten la “familiaridad” del grupo, su entendimiento y especialmente su dinámica, en pos de compartir conocimientos y aprender los unos de los otros.
Proactividad: Creo que todos conocemos el sentido más profundo de este vocablo. La comunicación puede o no generar respuestas, puede o no generar sinergias; nuestra obligación es provocar al participante del curso para que dé sus opiniones, exponga sus casos, responda a nuestros planteamientos con otros nuevos, se enriquezca y nosotros aprendamos de ello. Ser proactivo es generar la participación de los otros, no sólo esperar su respuesta. La proactividad es la esencia de la comunicación en el mundo actual y de la Formación a distancia.
Empatía: Palabra clave para establecer una excelente relación entre personas que desean intercambiar información y conocimientos. Nuestros alumnos son nuestros clientes y por ello debemos ser capaces de ponernos en su lugar, para atraerlos al nuestro. Nos pagan para transmitir conocimientos, no sólo para pasar información (las bibliotecas están llenas), por lo tanto, nuestra obligación es la de ganarnos su confianza y con ello llegar al diálogo abierto que permitirá el intercambio.
Disponibilidad: Somos teleformadores y además, en nuestro caso, vendedores de conceptos y experiencias que fomentan el acercamiento y la lealtad entre empresas o instituciones y sus clientes. La obligación es de 365 x 24 y más si tenemos en cuenta desfases horarios entre continentes. Evidentemente esto es imposible, pero responder a las 11 de la noche o a las 9 de la mañana de un domingo, da sensación de estar a la disposición del cliente – alumno.
Adaptabilidad: Cada curso, para cada cliente – empresa – alumno, requiere de nuestra capacidad de adaptación a su país, a su sector y a su mercado, teniendo en cuenta su competencia y sus clientes, sus éxitos y fracasos, sus vivencias. Todo ello nos obliga a no partir de cursos y modelos rígidos, sino adaptables a las necesidades que irán surgiendo durante el desarrollo de los mismos. Para ello el One to One (1-2-1), bien llevado, nos facilitará el hecho de ser realmente eficaces y producir lo que desean nuestros clientes: la satisfacción total.
Practicidad: La teoría es simple información, se puede encontrar en Internet o en los libros. Lo que los alumnos del e-Learning quieren es poder pasar de ahí a la práctica, a su caso particular, a su problemática específica, a su lugar de trabajo, y lo quieren para hoy. Para ello deberemos desarrollar metodologías específicas capaces de dar respuesta: talleres físicos o virtuales, ponencias en vídeo-streaming, conversaciones síncronas… aplicar lo aprendido con éxito es el objetivo de toda formación bien hecha.
Psicología global e individual: Y finalmente hay que ser psicólogos, hay que saber detectar lo que hay dentro de nuestro cliente y de nuestro alumno: aquello que por inseguridad, por falta de clarificación, por cultura, se supone pero no se sabe. Debemos ser capaces de entrar en estos rincones y llegar a nuestros clientes, no sólo con las palabras y los hechos, sino también con los sentimientos y las emociones.
Fuente: Microsoft. Centro de empresas y emprendedores.
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